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Detalle del clavijero y del traste cero, típico de las guitarras alemanas de la época:

Esta Hopf Saturn presenta las típicas pastillas Schaller de los años 60, de color crema y con las piezas polares de mayor tamaño que las pastillas Schaller posteriores. En esta foto se aprecia también el detalle del circuito, con conexión DIN de tres puntas, típico alemán de la época, y la veta de la tapa, de pícea maciza.

El mástil está realizado con multitud de láminas de madera, el llamado sistema “Hopf everstraight”, que pretendía mantener los mástiles (sin alma) estables con el paso de los años:

Abril 2011.

Hace unas semanas Álvaro Barriuso –Dúo Cobra, Archipiel– nos encargó la misión de encontrar y comprar para él una archtop bien guapa. Así lo hicimos. Sabíamos de antemano que habría que ponerla a punto al llegar a nuestro taller, pero aún así, esta preciosa Hi-Fi, construida por August Strohmer para Hopf a finales de los cincuenta, merecía la pena.

Por fin la tenemos aquí.

Se trata de una guitarra con la tapa y fondo macizos y tallados a mano. La tapa es de pícea, y el fondo de arce. El fondo está realizado en dos piezas, unidas mediante una junta central.

Fijaos en la recurva, típica de la talla alemana:

El grosor de la caja es un poco más estrecho que el de la mayoría de las guitarras de tapa arqueada de la época. Presenta todas las piezas originales: clavijas, puente, golpeador con pastillas, etc… y se encuentra en un estado excelente aunque, como decimos, necesita algunos cuidados:

La acción está excesivamente alta, por lo que habrá que ajustar el puente. Nos encontramos las selletas en una posición en la que podemos prever que no estará bien octavada, y además una de las selletas ha sido sustituida por un reemplazo que vibra y habrá que cambiarlo. Pero esto lo veremos más adelante.

Presenta, además, algunas heridas de guerra, como estas marcas en el trastero, secuelas de algún limado de trastes hecho con poco esmero:

Según el vendedor, una de las pastillas no funciona. Esperábamos que fuera la del puente, pero comprobamos que se trata de la del mástil. Primero desmontamos el golpeador:

Abrimos el cajetín que protege el circuito quitando las soldaduras con un soldador potente:

Comprobamos que no se trata de un fallo en ninguna de las conexiones y aprovechamos para limpiar la electrónica con el spray limpiador de residuo cero y girando cada potenciómetro a uno y otro lado para que el limpiador penetre en todo su recorrido.

Con un polímetro medimos la resistencia de ambas pastillas.

El valor que nos da al medir la bobina de la pastilla del mástil nos indica que algo va mal.

Para valorar el estado de la pastilla, lo primero es eliminar los remaches que cierran la cubierta. Lo hacemos utilizando la herramienta Dremel, y siempre protegidos por unas gafas de trabajo.

Abrimos la cubierta:

Y levantamos la placa base, y nos encontramos con una auténtica bobina de los años 50, realizada a mano:

Comprobamos con el polímetro el estado de ésta, midiendo la resistencia entre un extremo y otro de la bobina. El resultado es que está abierta. (Obtenemos un 1, que en nuestro polímetro es el equivalente a infinito, lo cual significa que está abierta. Si el valor de la resistencia obtenido hubiera sido 0, entonces indicaría un cortocircuito en la bobina).

La solución es rebobinarla o bien realizar un transplante de bobina, instalando otra que funcione en el cajetín de la Hopf, que es la opción por la que finalmente optamos. Tenemos en el taller una antigua pastilla Admira. Comprobamos que la bobina es más o menos de un tamaño similar a la de la Hopf y nos ponemos manos a la obra, con Álvaro ayudándonos en tan minuciosa operación.

Nos emocionamos tanto en este paso, que apenas sacamos fotos… Ha habido que limar unos milímetros el plástico que recubre la bobina de la Admira para que encajara en el lugar de la Hopf, con mucho cuidado para no dañarla. Mientras Álvaro, con su traje de trabajo, le da a la lima, yo me encargo de repasar algunas soldaduras “sospechosas”, empalmes no muy fiables y sustituyo el fino cable que va de la bobina al potenciómetro por uno más grueso y apantallado.

Una vez la hemos limado lo suficiente para que encaje en el lugar de la antigua bobina, la colocamos con los imanes correspondientes en su posición correcta. Los imanes presentan una señal (en este caso un punto rojo) para distinguir las polaridades.

Soldamos las conexiones e instalamos la base:

Cerramos el cajetín usando silicona transparente. Hará las veces de la cera que se suele encontrar dentro de las pastillas. Sirve para sellar y evitar vibraciones. Ponemos exceso de silicona sin importar que rebose, ya que limpiaremos el exceso antes de que se seque.

Limpiamos el exceso de silicona y repasamos los bordes. Nos ayudamos de una garra para hacer presión y cerrar el cajetín. Lo dejamos así 24 horas hasta que la silicona esté seca.

Éste es el resultado. Como se aprecia, la nueva bobina es unos milímetros más alta que la antigua y la tapa del cajetín no cierra completamente, aunque ha quedado perfectamente sellado con la silicona. La nueva altura de la pastilla nos traerá algún que otro problema, pero ya lo veremos más tarde.

De momento, seguimos con otros ajustes que necesita esta preciosidad. Abordamos el tema del puente. Como decíamos antes, nos encontramos las selletas en una posición en la que podemos prever que la octavación no será correcta. Además, la distancia entre la primera y la sexta cuerda debería ser un par de milímetros mayor. Las selletas de este puente, al igual que muchos de la época, están realizadas con pequeños trozos de traste, insertados en rieles labrados en el puente. La octavación no será nunca perfecta, ya que habremos de acomodarnos a esas distancias, pero se puede lograr una muy buena aproximación, más que en otros puentes típicos de guitarras de tapa arqueada que no presentan selletas móviles.

Lo primero que hacemos es sacar las selletas con la herramienta para trastes:

Elegimos un calibre de cuerdas del 13-56, que proporcionará un tono más “grueso” que el calibre que traía originalmente la Hopf (un 11-52). Colocamos el puente en su posición, insertado en los “pinchos” del golpeador y con los extremos en las marcas de las “efes”, pero sin las selletas.

Colocamos la primera y sexta cuerda y medimos la distancia correcta entre ellas, que nos la marcan la cejuela y el cordal.

Marcamos en el puente dónde deben ir la primera y sexta selletas (veremos más adelante que la sexta, que es un reemplazo, habrá que cambiarla), y nos ayudamos de un martillo de goma para insertarlas, con un suave golpe, en los surcos del puente:

Si os fijáis, hemos colocado la selleta de la sexta cuerda en la posición más alejada de la cejuela, ya que esta cuerda necesita más compensación, y la de la primera, sin embargo, en la posición más cercana a la cejuela. En este caso, más que de cejuela, deberíamos hablar de traste cero. Esta guitarra, como todas las alemanas de la época, presenta traste cero, que es precisamente desde el que se mide la longitud de la cuerda hasta el punto en el que se apoya en la selleta correspondiente para realizar la octavación.

Con ayuda de la regla espaciadora, medimos los puntos concretos en los que deben ir situadas las selletas para que el espaciado de las cuerdas sea correcto y regular:

Para colocar las selletas hemos tenido en cuenta que a mayor calibre, más compensación (distancia del traste cero al punto de apoyo de la selleta) se necesita, y que las cuerdas entorchadas necesitan menos compensación que las planas. De ahí el salto entre la tercera y la segunda.

Como hemos visto antes, la acción está muy alta y hay que rebajar la altura del puente. Al no presentar ruedas para regular la altura, la manera de bajarlo es lijándolo. Para ello usamos una lija del 80 situada en la tapa de la guitarra. Primero retiramos las cuerdas de la guitarra. Colocamos el puente más o menos en su posición correcta, haciendo coincidir los extremos con las marcas de las “efes”. Y con movimientos de izquierda a derecha vamos lijándolo poco a poco. De esta forma la base del puente mantendrá la curvatura de la tapa en esa posición, y el puente apoyará perfectamente en la tapa:

Como la superficie a rebajar es considerable, nos ayudamos de una buena navaja para rebajar la madera. Primero lijamos y luego rebajamos con la navaja la madera de la zona donde se haya marcado con la lija. Nunca de los bordes. Repetimos la operación: lija y navaja. Es interesante eliminar con un pequeño cepillo (nos vale uno de dientes) el polvo de madera que queda en la lija, para saber exactamente de dónde se está rebajando en cada pasada:

Hay que ir con mucho cuidado, ya que si nos pasamos, no habrá manera de subir el puente (si éste presentara ruedas para regular la altura, pasarnos no supondría un problema). Así que vamos colocando las cuerdas, afinando la guitarra y probando la acción cada varias pasadas hasta que obtenemos la altura deseada. Hay que tener paciencia. En nuestro caso lo hemos hecho más de diez veces. Antes de retirar las cuerdas cada una de las veces, hemos puesto una tira de Velcro entre las cuerdas para que no se prepare la ensalada que se prepara a veces:

Ya tenemos la acción a nuestro gusto (esperemos que sea el de Álvaro también).

Siguiente paso: operación selleta. La sexta selleta, como os hemos contado antes, es un reemplazo de tamaño diferente al resto y da problemas de vibración. Además, la cuerda se la ha devorado prácticamente y ya apoya directamente en el puente. Para fabricar nuestro reemplazo vamos a utilizar un traste de una antigua Hoyer de la misma época, para que sea del mismo tamaño y material (la aleación llamada “German silver”) que el resto de selletas. Álvaro ha tenido suerte, no creáis que es tan usual tener un traste suelto de una guitarra alemana de los cincuenta rondando por ahí…

En esta foto se aprecia perfectamente que el traste está devorado y la marca que ha dejado la cuerda en el puente al apoyarse directamente en él:

Tomamos la medida del resto de las selletas y cortamos el traste con unos alicates de corte:

Colocamos el trozo de traste en la posición correcta, siguiendo la marca dejada por la cuerda en el puente:

Para realizar el surco elegimos la lima del 60 (el calibre de la sexta cuerda es un 56 y nuestro juego de limas pasa del 50 al 60 directamente, así que elegimos la inmediatamente superior), y ya tenemos el puente apañado:

Ahora colocamos el golpeador y el puente en su posición correcta. Como vimos antes, la nueva bobina que hemos instalado en la pastilla del mástil es un par de milímetros más alta. Al colocar el golpeador en su sito, nos damos cuenta de que justo esos milímetros de más hacen que las cuerdas peguen en las piezas polares de la pastilla.

La solución es bajar la posición del golpeador, para lo que tenemos que perforar nuevos agujeros en el mástil. Lo hacemos con un pequeño taladro de mano y usando una broca de menor calibre que el tornillo que vamos a utilizar. En nuestro caso elegimos una broca del 3.

Aprovechamos para rectificar la posición, ya que los agujeros practicados originalmente no son totalmente paralelos al borde del mástil:

Y así conseguimos bajar el golpeador lo suficiente como para mantener el margen necesario entre las cuerdas y la pastilla:

Ahora Álvaro necesita llevarse a la Hopf de viaje, pero a la vuelta rellenaremos los agujeros originales con pasta de madera y la pintaremos para disimular las marcas.

Pero aquí no acaba la cosa… Esta Hopf se está poniendo caprichosa y no quiere abandonarnos. Al probarla enchufada en un ampli, nos damos cuenta de que el potenciómetro de volumen de la pastilla del mástil se ha pasado de rosca… Hay que volver a desmontar el golpeador, abrir el cajetín y comprobar cuál es el problema. Nos encontramos con que se ha roto la pequeña pieza que hace tope al girar el potenciómetro. Está así:

Cuando debería estar así:

La solución rápida para que Álvaro pueda llevársela y utilizarla es puentear el circuito de manera que nos saltemos ese potenciómetro y tengamos la pastilla con el volumen a tope. Mientras tanto buscaremos un nuevo potenciómetro que encaje en ese cajetín. No será fácil… Seguiremos informando.

Por cierto, nos dicen que la Hopf ha ido cautivando corazones allá por donde ha pisado. Es normal, es muy guapa la jodía.

Dr. Böhm era una firma de la antigua Alemania Oriental dedicada a fabricar y vender kits de órganos y amplificadores de muy buena calidad. Sí, equipos “¡mónteselo usted mismo!” Vendían todas las piezas y componentes pra hacerte en casa un órgano o un amplificador, una mesa de mezclas, una batería electrónica, etc… Podéis ver información acerca de algunos de estos equipos en este enlace.

 

Este altavoz multipropósito de los años 60 está en perfecto estado. Tiene un ancho de banda mayor que el de un alatavoz de guitarra tradicional. Aun así funciona bien para guitarra eléctrica y perfecto para otros instrumentos como teclado, bajo, acordeón, etc… Es una magnífica opción para guitarras electroacústicas debido a ese amplio rango de frecuencias que es capaz de dar. Al mismo tiempo es un excelente altavoz de 12″ para tocar el bajo con un pequeño amplificador a volúmenes caseros para parcticar o grabar. Tiene dos bobinados que permiten conectarlo a 4 ó 16 Ω dando potencias de 35 ó 50 W respectivamente.

Precio: 25 €.

 

Se puede elegir una impedancia de 4 Ω o bien 16 Ω. A 4 Ω da una potencia de 35 W, y a 16 Ω da 50 W:



La serie legend the Eminence está hecha con conos de manufactura británica tratando de acercarse al sonido de los viejos Celestion. En general su sonido está en esa línea, pero en este caso este modelo de alnico en particular está más cerca del sonido Jensen. Originalmente los lacaron en azul tratando de atraer a los guitarristas con reminicencias a los Celestion G12 blue, pero en seguida los hicieron negros al más puro estilo Jensen, ya que su voz los llevaba más hacia ese territorio.

 

Buenos altavoces para lograr el clásico sonido norteamericano de los años 50.

 

Características:

 

Tamaño: 12″

Potencia nominal: 35 W RMS

Impedancia: 8 Ohmios

Frecuancia de resonancia: 67 Hz

SPL: 98dB

Precio: 60 € el par.

Grabador de 4 pistas en cassette. Es fabricado en USA, así que viene con el enchufe y voltaje americano. Se adjunta manual de instrucciones original.

 

Fender Coronado XII (1967) – Vendida

El modelo Coronado de Fender, con sus direntes variantes, se fabricó exclusivamente entre los años 1966 y 1969, y se trata de uno de los pocos modelos de Fender con caja de resonancia: en realidad se trata de caja estrecha, thinline, o semi-caja.

Fender trató de lanzarse a competir por primera vez en el campo de las guitarras de caja dominado por Gibson, Martin, Gretsch y Guild a mediados de los años 60. Para ello contrató los servicios del luthier aleman Roger Rossmeisl, responsable de los diseños de archtops y las famosas thinline de clara inspiración alemana de la casa Rickenbacker. Leo Fender le encargó la producción de las nuevas líneas de acústicas y thinlines para Fender. Hasta entonces las acústicas que se vendían con la marca Fender eran en ralidad hechas por Harmony en Chicago. Rossmeisl puso en marcha una nueva factoría para este cometido y en menos de un año se lanzaron las primeras guitarras. Las más destacables, las Coronado.

Ésta en concreto se trata de una Fender Coronado XII (doce cuerdas) de 1967, con dos pastillas Rowe (Dearmond) fechadas el 27 de abril del 67. El mástil lleva la fecha del 14 de febrero del 67. El número de serie que aparece en la placa del fondo es el 183128. Todas las piezas son originales.

Se incluye golpeador no original, pero fabricado por WD Music Products por encargo siguiendo las plantillas originales. A estrenar.

Se incluye también estuche duro original.

Esta joyita ha estado con nosotros 11 años aunque con poco uso, y va siendo hora de que cambie de manos y se mude a un hogar en el que sea más necesaria y le den más uso que nosotros.


 

 

 

 

En una calurosa tarde del verano del 2009, los hermanos Dynacord y sus primos cercanos organizaron una bonita reunión familiar en la que se pusieron al día de sus andanzas y se contaron mutuamente las historias que les habían acaecido desde que no se veían (allá por los años 50). Historias de cigarrillos, mucho rock and roll, y de la época dorada en la que sus condensadores no estaban tan secos…

De arriba a abajo y de izquierda a derecha:

El primo de Wallgau (Alemania) DA15/N aka “Dynacord mezcla” de Kako -Näuta, doss-, nuestro DA15/V aka “Señorita Pepis”, nuestro DA15/N aka “El Azul”, nuestro DA16/V aka “El Rojo”, y el primo de Viena (Austria) DA16/V de Chema Para -Näuta, Thee Belvis…-

 

Y la misma foto familiar, pero con el miembro que faltaba: nuestro MV15 aka “El Canijo”: