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Eko bass pedal K3 ’70s

Ele grabando el K3 a través del “Beismicrotal” de Electro Harmonix en la demo de la canción “Before waking up”, en junio del 2008.

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A la espera de ser restaurado. El único que se ha atrevido a tocar a este grandote en el estado en el que está, es el gran Javier Díez-Ena.

 

Detalle de la pastilla, el puente y el cordal:

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Musima 1655 HB ’70s

En la actualidad, en nuestro taller a la espera de ser restaurado:

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Septiembre del 2010:

Meta –Nudozurdo– nos trae este bajo Fender Precision americano del 72, que se ha llevado un buen golpe y presenta una serie de desperfectos. Además de daños en el barniz (que sólo afectan estéticamente), el mástil se ha desplazado hacia la derecha (fijaos en la gran distancia de la 4ª cuerda hasta el borde del diapasón, y que la 1ª está justo al borde): …y una de las selletas se ha caído. Suerte que Meta ha podido recuperar el tornillo y muelle originales que sujetan la selleta.

También presenta ruido de masa, con lo que habrá que revisar la electrónica. Empezamos precisamente por esto último. Levantamos el golpeador y echamos un vistazo. A simple vista está todo correcto y el cable negro correspondiente a la masa, por este extremo está bien soldado.

El otro extremo de este cable debería estar conectado con el puente, que a su vez está en contacto con las cuerdas mediante las selletas. Desmontamos el puente y comprobamos qué ocurre:

Lo que nos encontramos es el extremo del cable completamente oxidado, al igual que la parte del puente que debería estar en contacto con éste. La capa de óxido impide que hagan contacto:

Fijaos en la capa de óxido verde que presenta el extremo del cable:

Para eliminar esa capa de suciedad y óxido de la base del puente, utilizamos un papel de lija:

Y respecto al extremo del cable, comprobamos que tenemos margen suficiente y cortamos unos 4 ó 5 mm, pelamos la punta y obtenemos el extremo de cable limpio que necesitamos:

Lo colocamos en su posición bajo el puente para que al volver a instalar éste, cable y superficie metálica hagan buen contacto. Es muy importante que las conexiones a tierra sean lo más limpias y con la menor resistencia posible:

Aprovechamos que tenemos desmontado el golpeador para hacer una limpieza a la electrónica, con spray de residuo cero y moviendo a uno y otro lado los potenciómetros para que éste penetre en todo su recorrido.

Otro de los problemas que presenta este bajo es en lo referente al ajuste de la altura de las pastillas. Llega un punto en que éstas no suben más, por mucho que subamos el tornillo que las sujeta. En este modelo de bajo, al igual que en algunas otros instrumentos Fender, las pastillas van apoyadas en una espuma, que es la que hace las veces de muelle para que las pastillas se levanten cuando el tornillo deja de hacer presión sobre la espuma. Desmontamos la pastilla y vemos con qué nos encontramos.

Al desmontar la otra sección de la pastilla, vemos que uno de los cables está desconectado, así que procedemos a soldarlo en su sitio:

Para solucionar el problema del ajuste en altura de las pastillas, buscamos dos muelles del tamaño adecuado (podéis encontrarlos fácilmente desmontando algún bolígrafo, por ejemplo):

Los cortamos a la mitad, y el más rígido (el de la izquierda) lo usaremos para la parte interior de las pastillas, que necesita estar más levantada que la exterior. Colocamos el tornillo correspondiente y luego el muelle, de esta manera:

Montamos de nuevo las pastillas y comprobamos que, ahora sí, al subir los tornillos, los muelles hacen que las pastillas también suban.

Una vez hecho esto, abordamos el problema del desplazamiento del mástil. En estas fotos se puede ver la holgura existente entre cuerpo y mástil, más por un lado que por otro:

Desmontamos el mástil:

Y nos encontramos con lo siguiente. Fijaos qué curioso es ver el sello con las firmas de todos y cada uno de los operarios que realizaron e inspeccionaron el bajo: Torres, Bob, Todd, Joe, el Inspector nº 31…

Pero para nuestra sorpresa, descubrimos también que este bajo ya se había llevado un buen golpe anteriormente y que había sido “reparado”. Fijaos en cómo están los agujeros de la izquierda (en la foto), con mucha más holgura que los otros dos, y con los bordes astillados:

Es de suponer que este desperfecto es de un golpe anterior, ya que no hay restos de las astillas por ningún lado, y además nos encontramos con este palillo metido en uno de los agujeros, con la intención de compensar la holgura:

Ante esto, lo que vamos a hacer es rellenar los agujeros dañados con madera y volver a practicar los taladros, evitando que haya holgura. Comenzamos por rellenarlos con pasta de madera y con un par de palillos en cada agujero, quitando el sobrante de pasta con una pequeña espátula:

Lo dejamos secar unas 24 horas. Cortamos los palillos y limamos hasta que no sobresalga nada; si es necesario cortamos el sobrante con un cutter o bisturí y retiramos el sobrante de pasta de madera:

Ahora nos enfrentamos a uno de los momentos más delicados de la reparación. Tenemos que colocar el mástil perfectamente alineado con el cuerpo. Revisamos unos planos del modelo Precison que se fabricó hasta el 72 y comprobamos que el punto medio de los inlays está alineado con el tornillo del medio del puente. La línea recta que los une es tangencial a las piezas polares de las pastillas y pasa por el centro de uno de los tornillos que sujetan el golpeador:

Ponemos un trozo de cinta cubriendo la zona donde habrá que efectuar los agujeros (ya veréis más adelante para qué):

Tomamos nuestra regla y alineamos el mástil y el cuerpo de manera que coincidan los puntos clave:

Ahora, sin moverlo, marcaremos desde abajo la posición exacta donde habremos de efectuar los agujeros con un taladro de columna. Para eso hemos puesto antes la cinta de pintor, para que la mina de lápiz marque claramente la posición. Necesitamos un lápiz tan fino que quepa por los agujeros existentes. Como no lo tenemos, tomamos un lápiz cualquiera y lo rebajamos con un cutter hasta obtener sólo la mina:

Lo introducimos por los agujeros y marcamos con un punto la posición donde taladrar. Volvemos a desmontar el mástil y descubrimos la marca:

Elegimos una broca adecuada, siempre de calibre un poco menor que el tornillo que vayamos a utilizar. En nuestro caso, usamos una broca del 3. Preparamos el taladro de columna para que la profundidad del agujero que vamos a hacer no supere los 1.8 mm (si no, estaríamos taladrando accidentalmente el diapasón). Sujetamos el mástil firmemente a la base del taladro con ayuda de unas sargentas y efectuamos el agujero:

El resultado, después de retirar la cinta de pintor, es el siguiente:

Atornillamos el mástil al cuerpo y comenzamos a encordar el bajo, primero la 1ª y luego la 4ª cuerda. Observamos que ahora la distancia entre las cuerdas y el borde del diapasón es similar, no como ocurría en la primera foto que os mostrábamos:

Sigue existiendo cierta holgura entre el mástil y el cuerpo:

Para que no se vuelva a producir un desplazmiento del mástil debido a otro eventual golpe o accidente, habremos de introducir unas pequeñas cuñas que hagan que el mástil encaje perfectamente en la posición actual y sea imposible que se mueva de ahí. En la zona en la que la holgura es menor, introducimos tres capas de papel, lo cortamos a la medida y repasamos con mucho cuidado con un cutter, para que apenas se note:

Para el lado en el que la holgura es mayor buscamos algo que nos sirva de cuña encajando perfectamente en el hueco. En este caso una simple tarjeta de crédito nos saca del apuro. El relieve de los números es perfecto:

Marcamos con un punzón por dónde debemos cortar:

Y cortamos por debajo de la marca, para que no sobresalga:

Para disimular el color blanco, podemos pintarla con un rotulador permanente negro, siempre protegiendo la zona con cinta de pintor para no dejar marcas donde no debemos:

Antes de seguir encordando el bajo, aprovechamos para medir el radio de su diapasón. En este caso es de 7.25 pulgadas:

Ponemos las cuerdas que faltan, afinamos y vamos ajustando las selletas hasta conseguir que coincidan con el radio indicado:

Ajustamos la octavación y corregimos, si es necesario, la altura de las selletas. En nuestro caso la acción es perfecta, así que las dejamos como están. El alma está también en su sitio, por lo que no la tocamos.

Conectamos el bajo a un ampli y comprobamos si las pastillas necesitan ser equilibradas. La 3ª cuerda se queda con un volumen muy por debajo del resto, por lo que habrá que elevar la pastilla en su lado correspondiente. En este caso, el muelle que colocamos anteriormente para poder elevarla, está ya a tope. Tenemos que volver a desmontar la pastilla y ponerle un refuerzo de espuma para elevarla:

El equilibrado de pastillas queda finalmente (tal y como Jota predijo -qué asco da, siempre tiene razón-) de esta manera, con las pastillas más elevadas en su zona central (cuerdas 2ª y 3ª):

Venga, Meta! Ya tienes tu bajo listo para grabar un discazo!

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