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Abril 2011.

Hace unas semanas Álvaro Barriuso –Dúo Cobra, Archipiel– nos encargó la misión de encontrar y comprar para él una archtop bien guapa. Así lo hicimos. Sabíamos de antemano que habría que ponerla a punto al llegar a nuestro taller, pero aún así, esta preciosa Hi-Fi, construida por August Strohmer para Hopf a finales de los cincuenta, merecía la pena.

Por fin la tenemos aquí.

Se trata de una guitarra con la tapa y fondo macizos y tallados a mano. La tapa es de pícea, y el fondo de arce. El fondo está realizado en dos piezas, unidas mediante una junta central.

Fijaos en la recurva, típica de la talla alemana:

El grosor de la caja es un poco más estrecho que el de la mayoría de las guitarras de tapa arqueada de la época. Presenta todas las piezas originales: clavijas, puente, golpeador con pastillas, etc… y se encuentra en un estado excelente aunque, como decimos, necesita algunos cuidados:

La acción está excesivamente alta, por lo que habrá que ajustar el puente. Nos encontramos las selletas en una posición en la que podemos prever que no estará bien octavada, y además una de las selletas ha sido sustituida por un reemplazo que vibra y habrá que cambiarlo. Pero esto lo veremos más adelante.

Presenta, además, algunas heridas de guerra, como estas marcas en el trastero, secuelas de algún limado de trastes hecho con poco esmero:

Según el vendedor, una de las pastillas no funciona. Esperábamos que fuera la del puente, pero comprobamos que se trata de la del mástil. Primero desmontamos el golpeador:

Abrimos el cajetín que protege el circuito quitando las soldaduras con un soldador potente:

Comprobamos que no se trata de un fallo en ninguna de las conexiones y aprovechamos para limpiar la electrónica con el spray limpiador de residuo cero y girando cada potenciómetro a uno y otro lado para que el limpiador penetre en todo su recorrido.

Con un polímetro medimos la resistencia de ambas pastillas.

El valor que nos da al medir la bobina de la pastilla del mástil nos indica que algo va mal.

Para valorar el estado de la pastilla, lo primero es eliminar los remaches que cierran la cubierta. Lo hacemos utilizando la herramienta Dremel, y siempre protegidos por unas gafas de trabajo.

Abrimos la cubierta:

Y levantamos la placa base, y nos encontramos con una auténtica bobina de los años 50, realizada a mano:

Comprobamos con el polímetro el estado de ésta, midiendo la resistencia entre un extremo y otro de la bobina. El resultado es que está abierta. (Obtenemos un 1, que en nuestro polímetro es el equivalente a infinito, lo cual significa que está abierta. Si el valor de la resistencia obtenido hubiera sido 0, entonces indicaría un cortocircuito en la bobina).

La solución es rebobinarla o bien realizar un transplante de bobina, instalando otra que funcione en el cajetín de la Hopf, que es la opción por la que finalmente optamos. Tenemos en el taller una antigua pastilla Admira. Comprobamos que la bobina es más o menos de un tamaño similar a la de la Hopf y nos ponemos manos a la obra, con Álvaro ayudándonos en tan minuciosa operación.

Nos emocionamos tanto en este paso, que apenas sacamos fotos… Ha habido que limar unos milímetros el plástico que recubre la bobina de la Admira para que encajara en el lugar de la Hopf, con mucho cuidado para no dañarla. Mientras Álvaro, con su traje de trabajo, le da a la lima, yo me encargo de repasar algunas soldaduras “sospechosas”, empalmes no muy fiables y sustituyo el fino cable que va de la bobina al potenciómetro por uno más grueso y apantallado.

Una vez la hemos limado lo suficiente para que encaje en el lugar de la antigua bobina, la colocamos con los imanes correspondientes en su posición correcta. Los imanes presentan una señal (en este caso un punto rojo) para distinguir las polaridades.

Soldamos las conexiones e instalamos la base:

Cerramos el cajetín usando silicona transparente. Hará las veces de la cera que se suele encontrar dentro de las pastillas. Sirve para sellar y evitar vibraciones. Ponemos exceso de silicona sin importar que rebose, ya que limpiaremos el exceso antes de que se seque.

Limpiamos el exceso de silicona y repasamos los bordes. Nos ayudamos de una garra para hacer presión y cerrar el cajetín. Lo dejamos así 24 horas hasta que la silicona esté seca.

Éste es el resultado. Como se aprecia, la nueva bobina es unos milímetros más alta que la antigua y la tapa del cajetín no cierra completamente, aunque ha quedado perfectamente sellado con la silicona. La nueva altura de la pastilla nos traerá algún que otro problema, pero ya lo veremos más tarde.

De momento, seguimos con otros ajustes que necesita esta preciosidad. Abordamos el tema del puente. Como decíamos antes, nos encontramos las selletas en una posición en la que podemos prever que la octavación no será correcta. Además, la distancia entre la primera y la sexta cuerda debería ser un par de milímetros mayor. Las selletas de este puente, al igual que muchos de la época, están realizadas con pequeños trozos de traste, insertados en rieles labrados en el puente. La octavación no será nunca perfecta, ya que habremos de acomodarnos a esas distancias, pero se puede lograr una muy buena aproximación, más que en otros puentes típicos de guitarras de tapa arqueada que no presentan selletas móviles.

Lo primero que hacemos es sacar las selletas con la herramienta para trastes:

Elegimos un calibre de cuerdas del 13-56, que proporcionará un tono más “grueso” que el calibre que traía originalmente la Hopf (un 11-52). Colocamos el puente en su posición, insertado en los “pinchos” del golpeador y con los extremos en las marcas de las “efes”, pero sin las selletas.

Colocamos la primera y sexta cuerda y medimos la distancia correcta entre ellas, que nos la marcan la cejuela y el cordal.

Marcamos en el puente dónde deben ir la primera y sexta selletas (veremos más adelante que la sexta, que es un reemplazo, habrá que cambiarla), y nos ayudamos de un martillo de goma para insertarlas, con un suave golpe, en los surcos del puente:

Si os fijáis, hemos colocado la selleta de la sexta cuerda en la posición más alejada de la cejuela, ya que esta cuerda necesita más compensación, y la de la primera, sin embargo, en la posición más cercana a la cejuela. En este caso, más que de cejuela, deberíamos hablar de traste cero. Esta guitarra, como todas las alemanas de la época, presenta traste cero, que es precisamente desde el que se mide la longitud de la cuerda hasta el punto en el que se apoya en la selleta correspondiente para realizar la octavación.

Con ayuda de la regla espaciadora, medimos los puntos concretos en los que deben ir situadas las selletas para que el espaciado de las cuerdas sea correcto y regular:

Para colocar las selletas hemos tenido en cuenta que a mayor calibre, más compensación (distancia del traste cero al punto de apoyo de la selleta) se necesita, y que las cuerdas entorchadas necesitan menos compensación que las planas. De ahí el salto entre la tercera y la segunda.

Como hemos visto antes, la acción está muy alta y hay que rebajar la altura del puente. Al no presentar ruedas para regular la altura, la manera de bajarlo es lijándolo. Para ello usamos una lija del 80 situada en la tapa de la guitarra. Primero retiramos las cuerdas de la guitarra. Colocamos el puente más o menos en su posición correcta, haciendo coincidir los extremos con las marcas de las “efes”. Y con movimientos de izquierda a derecha vamos lijándolo poco a poco. De esta forma la base del puente mantendrá la curvatura de la tapa en esa posición, y el puente apoyará perfectamente en la tapa:

Como la superficie a rebajar es considerable, nos ayudamos de una buena navaja para rebajar la madera. Primero lijamos y luego rebajamos con la navaja la madera de la zona donde se haya marcado con la lija. Nunca de los bordes. Repetimos la operación: lija y navaja. Es interesante eliminar con un pequeño cepillo (nos vale uno de dientes) el polvo de madera que queda en la lija, para saber exactamente de dónde se está rebajando en cada pasada:

Hay que ir con mucho cuidado, ya que si nos pasamos, no habrá manera de subir el puente (si éste presentara ruedas para regular la altura, pasarnos no supondría un problema). Así que vamos colocando las cuerdas, afinando la guitarra y probando la acción cada varias pasadas hasta que obtenemos la altura deseada. Hay que tener paciencia. En nuestro caso lo hemos hecho más de diez veces. Antes de retirar las cuerdas cada una de las veces, hemos puesto una tira de Velcro entre las cuerdas para que no se prepare la ensalada que se prepara a veces:

Ya tenemos la acción a nuestro gusto (esperemos que sea el de Álvaro también).

Siguiente paso: operación selleta. La sexta selleta, como os hemos contado antes, es un reemplazo de tamaño diferente al resto y da problemas de vibración. Además, la cuerda se la ha devorado prácticamente y ya apoya directamente en el puente. Para fabricar nuestro reemplazo vamos a utilizar un traste de una antigua Hoyer de la misma época, para que sea del mismo tamaño y material (la aleación llamada “German silver”) que el resto de selletas. Álvaro ha tenido suerte, no creáis que es tan usual tener un traste suelto de una guitarra alemana de los cincuenta rondando por ahí…

En esta foto se aprecia perfectamente que el traste está devorado y la marca que ha dejado la cuerda en el puente al apoyarse directamente en él:

Tomamos la medida del resto de las selletas y cortamos el traste con unos alicates de corte:

Colocamos el trozo de traste en la posición correcta, siguiendo la marca dejada por la cuerda en el puente:

Para realizar el surco elegimos la lima del 60 (el calibre de la sexta cuerda es un 56 y nuestro juego de limas pasa del 50 al 60 directamente, así que elegimos la inmediatamente superior), y ya tenemos el puente apañado:

Ahora colocamos el golpeador y el puente en su posición correcta. Como vimos antes, la nueva bobina que hemos instalado en la pastilla del mástil es un par de milímetros más alta. Al colocar el golpeador en su sito, nos damos cuenta de que justo esos milímetros de más hacen que las cuerdas peguen en las piezas polares de la pastilla.

La solución es bajar la posición del golpeador, para lo que tenemos que perforar nuevos agujeros en el mástil. Lo hacemos con un pequeño taladro de mano y usando una broca de menor calibre que el tornillo que vamos a utilizar. En nuestro caso elegimos una broca del 3.

Aprovechamos para rectificar la posición, ya que los agujeros practicados originalmente no son totalmente paralelos al borde del mástil:

Y así conseguimos bajar el golpeador lo suficiente como para mantener el margen necesario entre las cuerdas y la pastilla:

Ahora Álvaro necesita llevarse a la Hopf de viaje, pero a la vuelta rellenaremos los agujeros originales con pasta de madera y la pintaremos para disimular las marcas.

Pero aquí no acaba la cosa… Esta Hopf se está poniendo caprichosa y no quiere abandonarnos. Al probarla enchufada en un ampli, nos damos cuenta de que el potenciómetro de volumen de la pastilla del mástil se ha pasado de rosca… Hay que volver a desmontar el golpeador, abrir el cajetín y comprobar cuál es el problema. Nos encontramos con que se ha roto la pequeña pieza que hace tope al girar el potenciómetro. Está así:

Cuando debería estar así:

La solución rápida para que Álvaro pueda llevársela y utilizarla es puentear el circuito de manera que nos saltemos ese potenciómetro y tengamos la pastilla con el volumen a tope. Mientras tanto buscaremos un nuevo potenciómetro que encaje en ese cajetín. No será fácil… Seguiremos informando.

Por cierto, nos dicen que la Hopf ha ido cautivando corazones allá por donde ha pisado. Es normal, es muy guapa la jodía.

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7 de mayo del 2009

Recibimos una de la siempre estimulantes visitas de Strand a nuestro taller. Mientras hablamos de la vida, de cómo escaquearse de fregar tocando el banjo, de Emmet Ray, de la reacción de los espectadores ucranianos a la última peli de Woody Allen y de Alela Diane, Ele le instala una pastilla de contacto a su G. B. Walters Style A ’40s.

La pastilla que ha elegido Strand (con buen criterio) ha sido una pastilla de contacto K & K inicialmente pensada para banjo. Nosotros tenemos la K & K Pure Western y la K & K Pure Archtop, un poquito más grandes que ésta, y la verdad es que son pastillas que funcionan muy bien:

 

Elegimos un jack hembra que irá posicionado bajo el golpeador. Lo pegamos con adhesivo epoxi standard Araldit (en este caso, este paso ya lo habíamos realizado cuando Strand se llevó la guitarra hace unos meses, por lo que está más que fijado y no habrá que esperar las 12 horas pertinentes. Aunque, creednos, podríamos haber seguido charlando esas 12 horas y más…).

 

Se suelda el cable y se aísla con material termoretráctil:

 

Por otro lado, se toma la pastilla y se le pega una finísima gelatina adhesiva de doble cara, que será la encargada de mantener a la pastilla en su sitio. Este sistema es reversible. También se puede optar por pegar la pastilla con unas gotas de pegamento de contacto, pero eso haría que el proceso fuera irreversible, así que os recomendamos que sólo uséis pegamento de contacto en caso de estar completamente seguros de que ésa es la pastilla ideal para esa guitarra en concreto, y tengáis bien clara la posición donde instalarla:

 

Para poder llevarla hasta el lugar elegido, en la parte interna de la tapa e insertarla por el agujero de la “efe” derecha, es necesario que Ele se ponga un poco de adhesivo en su dedo índice y la lleve pegada a él de esa manera:

 

Bucamos el “sweet spot” donde debe ir colocada la pastilla para conseguir el mejor sonido. En este caso el “sweet spot” se encuentra un poco por debajo del puente, al lado derecho de la barra armónica:

 

De esta manera ha quedado fijada la pastilla. Ahora hay que instalar el golpeador de nuevo en su sitio:

 

Y finalmente proteger con una pequeña pieza de fieltro autoadhesivo la parte baja del conector jack para que no roce con la tapa, evitando así vibraciones y desperfectos en el barniz:

 

Por último es interesante asegurarnos de que el cable que queda por dentro de la guitarra no toque las barras armónicas, ya que produciría desagradables vibraciones.

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Ele poniendo a punto la Guild S60-D de Marcos Florez (La Débil) en octubre del 2009.

Marcos nos trae esta guitarra, a la que hay que dar un repaso y limpieza general, y a la que habrá que hacer alguna pequeña reparación. El diapasón tiene una gran cantidad de suciedad acumulada; el puente, selletas y tornillería en general presentan una enorme capa de óxido; la pastilla de agudos hace mal contacto; el botón del selector de pastilla está roto; los agujeros para el anclaje de la correa presentan holgura, uno de ellos ha perdido el anclaje, y en el otro alguien ha sustituido el anclaje original por uno mucho más grande de guitarra acústica, la cejuela está alta…. y éstos son sólo algunos de los problemas a los que nos vamos a enfrentar.

Para empezar, quitamos el juego de cuerdas y pasamos aceite de limón por el diapasón, para que la suciedad acumulada a lo largo de varios años se vaya reblandeciendo. El principal problema con el sudor y suciedad en el trastero, es que tiende a acumularse junto a los trastes. Con el tiempo, si no se retira, la madera puede pudrirse y el traste acabará levantándose.

Con mucho cuidado, usando bastoncillos de algodón, se va retirando la suciedad.

¿Os habíais imaginado que un solo diapasón pudiera acumular tanta mierda?

Para ir aprovechando el tiempo, de forma paralela a esta limpieza (mientras el aceite de limón reblandece la porquería), quitamos una a una todas las piezas oxidadas (tornillos, puente, selletas, muelles, cordal, etc…). Las piezas que no están cromadas las introducimos en un vaso con “Coca-Cola”, donde pasarán al menos 24 horas deshaciéndose de gran parte de ese óxido.

Una vez transcurridas esas 24 horas, secamos las piezas, que han perdido una cantidad notable de óxido.

Sin embargo, no es suficiente. Hay que frotar una por una con el cepillo de cerdas de latón, para conseguir eliminar el óxido restante.

Las piezas cromadas (en este caso la base del puente, cordal y sus tornillos correspondientes, y las selletas -no así los tornillos y muelles que las ajustan-) las frotamos con un algodón empapado con limpiametales a base de NAFTA y les pasamos un algodón seco para dar brillo. No olvidéis mantener bien ventilada la habitación y poneros los guantes, ya que se trata de una sustancia muy abrasiva. El resultado es increíble:

Como hemos dicho antes, los agujeros destinados a albergar los anclajes de la correa presentan holgura, uno de ellos directamente ha perdido el anclaje, y en el otro alguien ha sustituido el original por uno mucho más grande de guitarra acústica. Retiramos éste con mucho cuidado (va a presión), y antes de cerrar el taller por hoy, realizamos una operación que requiere varias horas de secado: rellenamos este agujero con masilla o pasta de madera. Como lo habían dado enormemente de sí, es necesario además de la masilla, usar pequeñas piezas de madera para rellenarlo por completo. Usaremos palillos escarbadientes (un método nada ortodoxo, pero muy práctico y funcional).

Después de unas 15 horas, la pasta ya se ha endurecido y podemos cortar el sobrante de los palillos. Protegemos la guitarra con cinta de pintor y los limamos.

Si es necesario, se efectúa un agujero con una pequeña broca (teniendo en cuenta el calibre del tornillo que va a sujetar el anclaje) y el taladro de mano.

Seguimos estos mismos pasos para rellenar el otro agujero, que, como podéis ver, no presenta tanta holgura.

Los anclajes elegidos por Marcos son unos Schaller de seguridad, en acabado cromado:

Nosotros vamos a poner una pieza de fieltro entre el anclaje y la guitarra, para que el primero no dañe la madera. Tomamos una pieza de fieltro autoadhesivo de un color lo más similar posible al barniz de la guitarra, para que no resalte demasiado.

Marcamos el diámetro de las dos piezas redondeadas que necesitamos cortar.

Con ayuda de una aguja grande o, en nuestro caso, de un destornillador muy fino, preforamos un agujero en el medio de la pieza de fieltro, por el que pasaremos luego el tornillo correspondiente.

Lo colocamos en posición y atornillamos el anclaje.

El cuerpo de la guitarra presenta también mucha suciedad, y algunos restos de cinta americana. Limpiamos a fondo toda la guitarra con Politus (siempre asegurándonos primero de que el tipo de barniz admite este limpiador, probándolo en una pequeña zona no visible).

Limpiamos así mismo el golpeador, haciendo hincapié en retirar las partículas de óxido de los pequeños agujeros para los tornillos, e incluso por las zonas menos visibles, como puede ser bajo los botones de volumen y tono.

Por otro lado, ya hemos visto que el botón del selector de pastillas está roto. 

Lo reemplazamos por un recambio Gibson, habiendo comprobado que la rosca coincide con el de esta marca.

Aprovechando que tenemos todo aún desmontado, damos un repaso a la electrónica. Primeramente hemos comprobado que la pastilla de agudos no funciona correctamente, aunque el resto de la electrónica parece no presentar ningún problema. Limpiamos los contactos y potenciómetros con limpiacontactos de residuo cero.

Encontramos un punto de soldadura que nos parece sospechoso y que puede ser el que haga que la pastilla de agudos falle. Lo desoldamos, limpiamos de estaño, y lo volvemos a soldar. De esta manera conseguimos solucionar el problema.

Una vez hemos comprobado que la electrónica funciona correctamente y sin ruidos, cerramos el golpeador y comenzamos a montar las piezas que habíamos limpiado previamente.

Los muelles que regulan las selletas son de dos medidas diferentes. Pondremos los más largos en las cuerdas que necesiten menos compensación (1ª, 2ª y 4ª), y los más cortos en las que necesiten más compensación (3ª -sobre todo-, 5ª y 6ª):

Antes de ponerle un juego de cuerdas nuevo, comprobamos las clavijas. Algunos tornillos están sueltos, así que aprovechamos ahora para atornillarlos correctamente y para lubricar las clavijas con “3 en 1”. No olvidéis proteger los alrededores con un paño, para evitar que el producto salte y manche otras zonas de la guitarra.

Esta operación conviene hacerla sin las cuerdas puestas, ya que hay que hacer girar las clavijas varias vueltas a uno y otro lado, para que los engranajes se empapen de lubricante.

Una vez realizado esto, se ponen las cuerdas (en este caso un juego del 10/46 de Dean Markley) y se efectúa una primera octavación.

Como vemos, la selleta de la 3ª cuerda está lo más alejada posible, pero aún así no ha quedado perfectamente octavada. Necesitaríamos alejarla aún más. La solución es cortar un pequeño trozo del muelle, para darle así más margen de movimiento a la selleta. Hoy estoy de suerte, Jota me ayuda a terminar el trabajo con esta guitarra (lo podéis comprobar por sus “estilizados” dedos). Se vuelven a desmotar las piezas:

Se corta el muelle:


Y se montan de nuevo:

En esta guitarra, la distancia entre cuerda y cuerda se puede modificar ya que las selletas pueden moverse de izquierda a derecha. Hay que comprobar con una herramienta muy interesante llamada regla espaciadora (string spacing rule) que son equidistantes una de otra, y en caso contrario modificar dicha distancia. Esta regla nos va a ser muy útil a la hora de hacer cejuelas y selletas.

Nos ha pasado algo muy curioso: al poner las cuerdas nuevas, la prima se ha roto 2 veces por el mismo sitio (en la clavija). Esto nos hace pensar que el agujero de la clavija presenta una rebaba que corta la cuerda. Lo solucionamos dándole unos toques con una lima redonda pequeña y pasando posteriormente una lija del 400.

Una vez hayamos terminado de efectuar todos los trabajos pendientes (aún nos queda nivelar trastes, ajustar el alma, bajar la cejuela…) haremos la octavación definitiva, que será lo último.

Observamos que el diapasón está más alto en la zona en la que entra en el cuerpo, debido a la compresión ejercida durante años. Los trastes en esa zona están desnivelados, por lo que se producen trasteos. Jota se dispone a limar los trastes y nivelarlos para solucionar este problema. Primero sujetamos las cuerdas con una cinta de velcro en un extremo, y en el otro con cinta de pintor, para que no se nos desparramen mientras trabajamos en los trastes:

Va a ser necesario nivelar los trastes del 15 al 24. Previamente hemos comprobado con la herramienta fret rocker (de la que ya os hemos hablado en alguna otra ocasión) que están desnivelados:

Se liman con una lima suave especial para trastes:

Antes de seguir trabajando protegemos el trastero para impedir dejar marcas accidentalmente en él. Si no se dispone de un protector de acero como éste, se puede hacer también con cinta de pintor:

Los trastes se coronan con la lima especial, adecuada al tamaño de éstos:

Y finalmente se pulen con lana de acero, en este caso muy fina (triple 0). Recordad que al efectuar esta operación, se desprenderán infinidad de pequeñas partículas de acero que irán a parar a cualquier superficie imantada que haya alrededor (destornilladores, tijeras, etc…). Proteged con cinta las piezas imantadas de las pastillas, o acabaréis encontrándoos con desagradables sorpresas. Y cuidado con lo que vayáis a cenar… porque esas partículas estarán hasta en la sopa…

El siguiente paso es volver a colocar las cuerdas en su sitio, afinar la guitarra y efectuar el ajuste del alma si es necesario. En este caso sí lo es: el alma está suelta. Jota la ajusta con una llave de tubo del calibre correspondiente.

A continuación ajustamos la acción, regulando la altura del puente. Ele mide con un calibre de precisión la distancia entre la parte de arriba del traste 12 y la 6ª cuerda. Una buena acción tendrá aproximadamente de 2.5 mm a 3.0 mm.

En este caso subimos el puente hasta que la acción alcanza 2.5 mm. Por cierto, ¿a que molan nuestros pijamas?

Bueno… ¿Qué nos queda por hacer? Pues el equilibrado y balance de las pastillas, entre otras cosas. Enchufamos la guitarra en un ampli y comparamos el volumen que saca una pastilla y la otra. Como casi siempre, es necesario elevar la pastilla del puente para equilibrar los volúmenes. Hay que tener cuidado de no elevarla demasiado para que no peguen las cuerdas en ella (si es necesario, para equilibrarlas se tendrá que bajar la pastilla del mástil):

Una vez que los volúmenes de ambas pastillas están equilibrados, procedemos a hacer lo mismo entre las diferentes cuerdas, con una y otra pastilla. Normalmente las cuerdas planas nos darán mucho más nivel que las entorchadas. En el caso de estas pastillas, necesitamos para este ajuste una llave Allen de paso imperial, que no son muy fáciles de conseguir en estas latitudes. Suerte que en su día compramos este juego de 10 llaves, y que entre ellas se encuentra la que necesitamos (5/64):

Elevamos o bajamos las piezas magnéticas según las correspondientes cuerdas necesiten más o menos volumen:

Y así hasta que queden todas las cuerdas equilibradas en ambas pastillas, y éstas (como hemos hecho antes) entre sí. Podéis comprobar que la 3ª cuerda, si es plana (como en este caso) es la que más nivel dará inicialmente, por lo que la pieza magnética correspondiente tendrá que quedar más escondida:

¿Veis aún las pequeñas partículas de lana de acero? ¡Qué pesadilla! Pasando un imán no muy potente, podéis deshaceros de ellas…

Seguimos… La cejuela está un poco alta, hay que bajarla ligeramente. Para ello usamos las limas especiales que ya os hemos mostrado en alguna otra ocasión, y que elegiremos según el calibre de cada cuerda:

Bajamos cada surco ligeramente, cuerda por cuerda, hasta la altura que consideramos adecuada:

Afinamos la guitarra, damos un último repaso a la octavación y ¡ya está!

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9 de julio del 2009

Hace unos meses el puente de la Melodija Menges #2 se desencoló, y aprovechamos ahora que se aproxima la grabación del tercer disco de Ele, para encolarlo y de paso cerrar algunas grietas que presenta la guitarra. Aquí os mostramos el proceso de reparación del puente.

En estas fotos se aprecia el desperfecto:

 

Primero se despega totalmente el puente de la tapa usando una fuente de calor (en nuestro caso una plancha doméstica) y ayudándonos de una espátula con mucho cuidado:

 

Una vez separados, con la espátula se raspan ambas superficies de contacto, la del puente y la superficie de la tapa donde va encolado, para retirar todos los restos de cola:

 

Se marca con cinta la posición exacta donde debemos encolar el puente:

 

Utilizamos cola de luthier Titebond Hide Glue, que extendemos por ambas superficies de contacto:

 

Posicionamos el puente y ejercemos una ligera presión. Se debe retirar el exceso de cola con un paño húmedo:

 

Recientemente hemos adquirido una herramienta diseñada específicamente para encolar este tipo de puentes, así que nos viene de perillas estrenarla en esta ocasión. Se trata de un sistema de sujeción que permite, haciendo presión con una sola garra, distribuir dicha presión de manera uniforme por toda la superficie del puente:

 

Para que dicha pieza apoye perfectamente en el puente nos hemos servido de un plástico llamado “Friendly Plastic”. Son pequeñas bolitas de plástico que al sumergirlas en agua caliente (a unos 70º C) adoptan una forma maleable que podemos colocar en la superficie que nos interesa. Al enfriarse se solidifica conservando esa forma y dando lugar al apoyo perfecto que necesitamos:

 

Con una garra Klemmsia insertada por la boca de la guitarra ejercemos la presión necesaria, presión que mantendremos durante al menos 24 horas:

 

Nos servimos de una sargenta convencional para ejercer mayor presión y estabilidad:

 

Al cabo de 24 horas, el puente ya estará perfectamente encolado:

 

Finalmente se retira todo resto de cola que haya podido quedar en los orificios de las espigas. Lo hacemos con una lima redonda:

 

Y la Melodija Menges #2 ya está lista para grabar (bueno, después de limar algunos trates. Ver sección “Limando trastes“):

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…Haciendo cejuelas.

Harmony H56 Rocket ‘66

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9 de julio del 2009

Aprovechamos que se aproxima la grabación del tercer disco de Ele para poner a punto las guitarras que hemos seleccionado para grabar. Esta mejora la tenemos pendiente desde hace tiempo: Se trata de sustituir la cejuela original de la Harmony H56 Rocket ’66 (de plástico) por una de hueso, en este caso de vaca.

El hueso es un tejido orgánico que necesita, igual que la madera, un tiempo (a veces varios años) para estabilizarse y así impedir deformaciones una vez realizada la cejuela. Para elegir la que mejor se adapta a las necesidades de esta guitarra en concreto de entre las piezas ya estabilizadas de las que disponemos, dejamos caer suavemente las piezas sobre una mesa de madera maciza y escuchamos su timbre. Elegimos una bastante “cantarina”, ya que su timbre es el que mejor va a combinar con la Rocket.

Con un pequeño martillo de goma se da un suave pero certero golpe en la cejuela original para despegarla de su sitio:

 

Se corta la pieza de hueso elegida siguiendo la medida de la original, y se lima hasta conseguir la misma anchura y altura, pero todavía sin darle la forma definitiva:

 

Se fija al mástil con ayuda de unas gotas de pegamento de contacto:

 

Se protege la zona con cinta para poder seguir trabajando en la cejuela sin peligro de dañar el barniz del clavijero:

cej 5bis 600

 

Con ayuda de un medidor de radios se comprueba el radio del mástil, ya que la cejuela deberá presentar en principio la misma curvatura. En este caso es de 10″:

 

Se comienza a lijar la pieza de hueso, dándole la curvatura y formas deseadas, y comprobando continuamente el radio. En esta foto vemos que aún nos falta limar un poco:

 

Una vez conseguida la forma deseada y tomando la cejuela original como muestra, se marcan los surcos por donde discurrirán las cuerdas. Hay que tener en cuenta el calibre de las cuerdas que elegiremos, para poder trabajar con limas que coincidan con dichos calibres. Para cada surco se elige una lima diferente:

 

Se disponen las cuerdas en los surcos, se afina la guitarra y se comprueba una a una si se necesita profundizar el surco correspondiente o no. Se dan los últimos retoques y ya está:

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9 de julio del 2009

El último paso de la puesta a punto que vamos a efectuar a nuestra querida Melodija Menges #2 antes de la grabación del tercer disco de Ele consiste en el limado de algunos trastes. Escuchamos que la guitarra trastea a la altura de los trastes 11 y 12, y observamos que hay algunos que están ligeramente levantados (es un problema que esta guitarra lleva acarreando varios años y que Ele ya se encargó de mitigar en su día. Ver post al respecto).

Primero destensamos las cuerdas y las sujetamos con una tira de velcro para poder trabajar más cómodamente:

 

Localizamos los trastes que están más levantados y los rebajamos con una lima Gurian especial para trastes:

 

Con la herramienta llamada “Fret rocker” se comprueba si los trastes están ya nivelados o si, por el contrario, hay alguno que necesita algún retoque:

 

Se tensan las cuerdas, se comprueba la zona en la que hemos trabajado con la guitarra ya afinada, y si no es necesario efectuar más retoques… ¡a grabar!

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